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Ganadores del concurso Call of Duty 5.
Wednesday, 12 de November de 2008

Escrito por wako en : Concursos , trackback

Como habeis dejado constancia de la prisa que hay por saber el resto de los ganadores, y vosotros sois los que haceis posible el blog y los concursos, aquí los teneis.

No tenía ni idea de lo difícil que se hace descartar relatos, ha habido una tremenda igualdad en las votaciones y ha habido que votar varias veces. Es dificilísimo dejar sin premio a gente que lo merece tanto, pero lamentablemente no tenemos más.

Sin más preámbulos, éstos son los 4 ganadores restantes.

Roberto G. con el siguiente relato:

Cuando mi nieto cerró la puerta al salir, los ecos resonaron en toda la casa. La mochila, el almuerzo, y esa enorme guitarra… – Bajista abuelo, soy bajista. – siempre me dice. Tan sólo le quedó una mano libre para cerrar con cuidado.

Mientras mi mente vagaba por los pensamientos de viejo cascarrabias, mis pies me arrastraron una vez más al viejo sillón. Hundiendo mis doloridos huesos en el viejo cuero, me perdí una vez más mirando la foto en la mesilla. Mayo de 1945, un glorioso soldado ruso clavaba la bandera en lo alto de las ruinas del Reightach. En lugar de sentir envidia u orgullo, aquella foto en mis manos liberó viejos fantasmas, que abrieron heridas en las cicatrices de un alma rota. Haciendo encajar las arrugas de mi piel con el grabado del marco, activé una vez más, mi particular máquina del tiempo..

En abril de 1945, la campaña soviética en la Alemania oriental tocaba a su fin. La 3ª división Panzer había caído al sur de Stettin, y permitía vía libre hacia el oeste y el norte. Con Berlín totalmente rodeada las tropas soviéticas nos abrimos paso hasta el mismo corazón de Alemania. Era el 2 de mayo de 1945, cuando llegamos a uno de los poblados a las afueras del bastión alemán. Todo parecía indicar, que las tropas germanas habían abandonado el lugar, y que no encontraríamos resistencia.. y así fue.

Atrás quedó ya el baño de sangre de Stalingrado, y empezaban a ser incontables el número de veces que jugué contra la muerte, y gané. Es por eso que cuando Antonov se rió de mi por cubrirme en las esquinas y avanzar mirando los tejados, no le presté atención. Como el resonar de la puerta, los ecos del disparo aún no se habían perdido cuando el reemplazo que acababa de darle un cigarro se desplomaba inerte en el suelo.

Sin mediar palabra, Antonov y yo corrimos hacia la fachada de cuyo ático provenía el disparo. Antes de apostarnos junto a una ventana, pude ver una sombra escondida en un rincón sin duda apostado para nuestra entrada. Con señas, le indiqué que cebase una granada de mano, y a la de 3, rompí el cristal de la ventana con mi Mauser y él la lanzó al interior.

Tras el estruendo, el grito desesperado de una mujer pareció llegar de ultratumba para romper el silencio. Entramos de manera enérgica pero con precaución, y nos detuvimos en el centro de la habitación. Una manzana ya podrida rodó por encima de una mesa, y el golpe sordo al tocar el suelo fue como el disparador de una cruel máquina de fotos, que grabó en mi mente con todo detalle, la escena que nunca podré olvidar.

La estancia estaba oscura, y una nube de polvo se posaba perezosa de nuevo en lo que fuese a encontrar. El suelo de madera crujía bajo nuestros pies, y allí, en una esquina, estaba ella. Una mujer, sujetando la cabeza de un niño de apenas 5 años. La explosión le había sesgado una pierna, y la cara estaba completamente deformada por la metralla. La madre tenía algunas heridas cerca de los ojos, y al brotar de la blanca piel, parecía sino que fuesen, lágrimas de sangre.

Según parece, habían vivido escondidos en un subsótano por Dios sabe cuánto tiempo, saliendo a hurtadillas a robar los alimentos que podían. Al oír a los alemanes marchar, salieron de su refugio para disfrutar de una paz por la que sufrieron y anhelaron. El tirador… fue abatido una hora después en la casa colindante. Había pasado al piso superior, por un agujero hecho por la artillería en la fachada posterior y que comunicaba ambas casas.
Aquella noche, lloré durante horas hasta que no quedaron más lágrimas por llorar. Durante minutos que parecieron días grabé con cincel en mi corazón las razones por las que aquello había ocurrido. Los nobles valores que defendíamos y la exoneración que la guerra nos otorgaba. Lloré en busca de un perdón que aún hoy no encuentro mientras afuera se escuchaban las risas y los cánticos de los demás soldados… La victoria era nuestra… La guerra había acabado…

Buddy-x con su relato:

9:03 pm, me encuentro frente al televisor viendo uno de los miles de reportajes con motivo de las elecciones.

Me preparo un café. Soluble, no tengo ganas de andar poniendo la cafetera. Además tendría que ir hasta la otra punta.

A lo lejos, al final del barracon, escucho que Obama es el “campeon”. Siento algo de paz pero a la vez no puedo dejar de pensar que en cualquier caso, es un americano y como tal ya hemos escarmentado en cuanto a política y en cuanto a conquistas, invasiones y envidia.

Numerosas pantallas repartidas por toda la gran manzana proyectan a un negro, al nuevo presidente, al primer presidente negro de nuestro país.
Incluso ese cúmulo de leds y transistores parecen alegres.

El escritor Eduardo Galiano un día dijo “el día que un negro gobierne Estados Unidos, el mundo cambiará”.

Tras unos instantes de alboroto, alegría y júbilo entre los americanos que se concentraban en Nueva York, veo una nueva imagen donde uno percibe como si de un guiño se tratara, la integración de las gentes.

Eso que parece una utopía, de repente se presenta ante mí como una sensación de plenitud.

La misma que cuando estas pendiente de las coordenadas y las que te facilitan son campos abandonados o almacenes sin civiles.

Los blancos en la calle celebrando la elección, Obama de color negro, y entre ellos una oriental llorando emocionada.

Así es señores, las tres razas más importantes, unidas….

Veo a Morgan Freeman en una pequeña entrevista tras el accidente que casi le costó la vida, ya medio recuperado.

Con esa voz de ultratumba, dice :” Yo he votado por la igualdad”. Me emociono, miro a mí alrededor, y veo la misma cara en todos mis compañeros…

Increíble, voy a prepararme, ahora si, una copita… Mañana no tengo que trabajar, mañana vuelvo a casa!!!.

Una silla de ruedas fría y de color negro me llevará a casa. Paradoja o no, el color negro se convierte en esperanza.

Siempre quise ser bajista, desde que tenia 13 años solo pensaba en ello. Ahora que tengo todo el tiempo del mundo, podré dedicarme a ello, podré estudiar y podré formar una familia. O no…

Me llamo Mike, tengo 21 años, me faltan dos piernas y odio a este País.

Irak, 5-11-2008.

Limas, con su relato:
6-12-1941

Mañana al alba… Apenas quedan unas horas para nuestra gloriosa misión.

Hoy ha sido un día de dudas y miedo para mí, Empezó con el desayuno a las 6 am como cualquier otro día. Apenas pude probar bocado. Una manzana y un café fue todo lo que mi estomago acepto.

La tensión se podía ver en los rostros de mis hermanos. Yoshijiro Umezu no hacía mas que mirar la foto de su familia. Cachao , cuyo verdadero nombre es Kuniaki Koiso pero que le llamamos así por el bajista cubano no hacía ninguna broma como en él era habitual ; y ni tan siquiera tarareaba las mismas canciones que nos han estado martilleando día si y día también. Todos esperábamos impacientes las ultimas ordenes del Comandante Fuchida. Nadie hablaba.

370 aviones despegaremos a las 5.30 am . Nos acercaremos por el lado oriental de las Islas Hawai y sobre las 7.45 am tras recibir la orden “To-to-to” nos lanzaremos contra ellos. Que gran honor.

Son muchos los que sienten envidia de nosotros, los elegidos. Pero bien por su edad o por su condición de hijos únicos no podrán formar parte de este momento, sin ninguna duda parte de la historia. Todos ellos también estarían dispuestos al sacrificio individual por el bien de la patria. Porque nuestra patria se encuentra ultratumba. Mas alla de la muerte.

Ya se han disipado mis dudas y mi miedo ha desparecido.

Tora-tora-tora.

Gigocres, con su relato:14 de Agosto de 1969, Polei Kleng, Vietnam

David Huffman, miembro del 75º Regimiento Ranger de los EE.UU.

Hace 27 días, 2 horas y 45 minutos que me subí a ese avión para abandonar, quien sabe si para siempre, a mi familia y a mi patria.

En estos momentos me encuentro sentado en las inmediaciones de la base aérea Norteamericana de Polei Kleng.

Tal vez sea esta brisa oriental, o el hecho de poder desahogarme con este diario, el que me permite mantenerme cuerdo ante esta situación que me corroe poco a poco por dentro. Parece que fue ayer cuando me encontraba junto a Stephanie en el Aeropuerto de Seattle, esperando para embarcar en el avión el cual me llevaría a esta pesadilla. Todavía me acuerdo de su preciosa sonrisa, sus labios, sus ojos, sus…todo. Pero sobre todo recuerdo nuestro último beso, al pie del avión. Fue un beso largo e intenso, pero que en mi cabeza parecieron un par de segundos.

Hace una semana que abandonamos la base de Kin Hon, para dirigirnos hasta aquí, fue un viaje largo, pero sobretodo ha sido un viaje que me ha marcado. El viaje transcurrió por la selva Vietnamita y, sinceramente, no le desearía ni a mi peor enemigo tener que sufrir lo que la unidad y yo hemos sufrido.

La selva puede ser una de las superficies más duras de la tierra, más incluso que el desierto más árido o la montaña más helada. Dentro de la selva no rigen las leyes de la física, sino las de la propia selva, donde la humedad es tan alta que hasta cuesta respirar, y mantener tus pulmones con oxígeno es todo un reto. Pero sin duda, lo peor, y a lo que ninguna instrucción militar te prepara, es a tener que avanzar entre los cuerpos sin vida de tus compañeros, tirados en el suelo de la selva, pudriéndose poco a poco como las manzanas bajo el Sol.

Pero por si acaso mi cabeza no se encontraba ya lo suficientemente trastornada, una patrulla del Vietcong nos abordó en plena selva mientras dormíamos. En mitad de la noche comencé a escuchar gritos, los gritos de mis compañeros que estaban siendo asesinados. No eran gritos normales, parecían gritos llegados desde ultratumba, provenientes desde las profundidades del Infierno y que se me introducían en los tímpanos haciéndome enloquecer.

Tal vez fue el destino, o tal vez fue que Dios no quería que muriese allí. Pero el caso es que conseguí sacar fuerzas de mi interior, ignorando la masacre que acontecía a mi alrededor, y conseguí escapar hacia otra tortura si cabe peor.
Me encontraba sólo en plena selva, pero en el fondo de mi corazón me encontraba seguro. Con mi fiel Thompson en la mano derecha y con mi vieja brújula en la mano izquierda, el simple hecho de portar estas dos herramientas me provocaba una tranquilizadora seguridad, como la seguridad que siente un pintor con su brocha, o un bajista con su bajo.

Aquello no era normal, la selva había pasado a ser un paraje inhóspito donde cualquier chillido de un animal era una tortura para mis oídos. Los mosquitos de esta selva no eran mosquitos normales, sino pequeñas aves con aguijones dispuestas a dejarte seco.

En estos momentos tensos me acordé de mi país, de Stephanie, de mi familia y de todo lo que abandoné el día que cogí ese avión, ese maldito avión. Me sentía furioso, pero sobre todo impotente. La envidia se apoderó de mi cuerpo lentamente, pero sin cesar.

A mi cabeza vinieron numerosas cuestiones, ¿cuál es el objetivo de esta guerra?, ¿por qué me ha tocado luchar por los intereses de un país que jamás ha valorado mi trabajo?, ¿por qué tantas jodidas muertes? ¿POR QUÉ?…

Todas estas reflexiones me hicieron recapacitar tanto que cuando me quise dar cuenta ya casi estaba amaneciendo. Pero este nuevo día solo me presentía que me iba a traer problemas. Estaba sediento y hambriento, y no había nada a mi alrededor, a pesar de la extensa vegetación me encontraba en medio de la absoluta nada.

Vagaba sin rumbo fijo, caminando hacia donde le apetecía indicar a mi vieja y oxidada brújula, pero sin muchas esperanzas de poder salir de entre esta vegetación.

De repente, a lo lejos, como si fuera fruto de un espejismo, la pude ver.

Stephanie se encontraba entre unos árboles, me hacía señas para que fuera junto a ella, estaba esperándome. Corrí, corrí como jamás lo había hecho. Por fin -pensé- esto se ha terminado, vuelvo a casa.

Ya solo faltaban unos pocos metros para poder abrazarla, pero su imagen se iba desvaneciendo; en efecto, lo que de primeras me pareció un espejismo, realmente lo era.

Tal vez fue la desilusión que me llevé, o el hecho de que llevaba demasiadas horas sin probar bocado, lo que hicieron que perdiera el control sobre mi cuerpo, lo que me llevó a desplomarme en medio de la selva, cayendo en un profundo sueño.

No sé cuánto tiempo había pasado, pero parecía que volvía a recuperar el sentido, acto seguido, pude escuchar unas voces. Me puse en pie, avancé unos cuantos metros y, como si se tratara de magia, la espesa selva se terminó, dejando paso a donde me encuentro en estos momentos, la base aérea de Polei Kleng. Estaba a salvo, no iba a morir, ya no tenía nada que temer.

Todavía me pregunto si la imagen de Stephanie fue un espejismo, o si realmente ella me ha salvado ayudándome a escapar de la muerte que me esperaba en esta selva.

La respuesta a esto la desconozco, pero de lo que sí que estoy seguro es, que esté donde esté, ella siempre estará conmigo y jamás la olvidaré…


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Comentarios»

1. HiddenY2k - 12/11/2008

Mi más sincera enhorabuena a todos los ganadores, espero que disfruteis de vuestros juegos ;) Un saludo!!

2. wako - 12/11/2008

Error: Unable to create directory wp-content/uploads/2017/06. Is its parent directory writable by the server?No me quiero poner pesado, pero de verdad que me jode no tener para todos, en cuanto pueda pondré un post con algunos otros relatos para que veais lo difícil que ha sido descartar.

3. el-bol@ - 12/11/2008

FElicidades a los ganadores!!! Disfrutadloooooo ;)

4. buddy_X - 12/11/2008

Muchisiiiiiiiiimas gracias por el premio. No se que mas decir… Bueno si… GRACIAS!!!!
Saludos!!!!

5. Limas - 12/11/2008

Gracias. Y felicidades a los otros ganadores.
Una cosilla. Al hacer el copy/paste de mi texto no habéis incluido la fecha del diario, 6-12-1941. Vispera del ataque a Pearl Harbor.
Y sin el más mínimo animo de critica pero algún texto parece más novela que diario. Repito, no es más q un comentario para hablar un poco del concurso.
Me ha gustado mucho el texto de Roberto.

Saludos.

6. reberes - 12/11/2008

enhorabuena a los ganadores!!! No pudo ser… Pero como ya me lo imaginaba esta mñn fui a comprarlo XD

7. guigocres - 12/11/2008

Muchisimas gracias! todavia no termino de creermelo.

Me he leido el resto de redacciones y la verdad es que tienes toda la razon del mundo wako, todas estan muy bien hechas y yo no seria capaz de ponerlas una puntuacion.

De nuevo gracias!

8. Roberto G. - 12/11/2008

Pues otro que deja su agradecimiento por aquí, no sólo por el premio, sino por el trabajo que os habrá llevado. Felicidades a los ganadores y a los no, ya que todos formamos parte de ésto. Sin participación no habría concursos ni premios para nadie.

Seguid así.
Rober.




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